Café de Papel

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Informar sin horrorizar. Los medios gráficos noruegos ante una situación de crisis.

Escribo aún en caliente, asimilando las cifras que nos llegan desde diferentes medios de comunicación y con la prudencia de no caer en afirmaciones rotundas. Aún quedan muchos cabos por atar e investigaciones que seguir, pero lo cierto es que los dos atentados que sacudieron en la tarde de este viernes a Noruega, primero en Oslo y luego en la pequeña isla de Utoya, han descolocado a los habitantes de un país que se decía tranquilo. Incluso una española que vive actualmente en la ciudad comentaba ayer en directo para  TVE que varias veces se había tropezado con el primer Ministro noruego yendo a trabajar a pie sin ningún tipo de seguridad personal.

La confusión lógica de los primeros momentos dio paso a las hipótesis iniciales que barajaron un atentado yihadista, para cobrar fuerza la teoría de un golpe más bien propio de grupos locales de extrema derecha. Mientras se investiga  quedan atrás ya casi un centenar de fallecidos y decenas de heridos en dos escenarios diferentes: el área gubernamental de Oslo y una zona alejada del centro urbano, un campamento de trabajo de chavales en una diminuta isla. Trabajadores, ciudadanos de a pie, adolescentes… Todos han sido víctimas de un ataque realizado con calculada frialdad y alevosía cumpliendo un objetivo claro: minar la seguridad de los noruegos donde más duele, atacando uno de los lugares que se suponen más protegidos del país como son las instituciones oficiales y un par de horas más tarde, un hombre ataviado con el uniforme de la policía, asesinaba a sangre fría a un grupo de jóvenes -una masacre que se salda con 90 personas de momento- que disfrutaban de unas jornadas de trabajo y convivencia en el marco del encuentro de las juventudes del partido laborista noruego.

Las primeras informaciones e imágenes que circulaban en la televisión pública noruega y en Internet, bien a cargo de rotativos digitales del país nórdico o de los propios ciudadanos, mostraban calles casi irreconocibles por las deflagraciones en Oslo para continuar, poco después, con panorámicas aéreas de la isla de Utoya. Presenciando esta secuencia en directo a través del canal 24 horas de TVE que a su vez recogía las imágenes de la televisión pública noruega NRK, sucedía que las imágenes de aquellos heridos que eran trasladados en ambulancia o helicóptero hasta el hospital universitario de la ciudad por la gravedad de sus lesiones, eran pixeladas para evitar el reconocimiento de su rostro, evitando así primerísimos planos hirientes y dolorosos con el objeto de no trasladar ese horror a los espectadores y velar así por la intimidad de víctimas y familiares. “Es la cultura del respeto”, pensé.

Particularmente, la sensación que me produjo ver rostros e imágenes difuminados y pixelados en los que se intuían cadáveres en Utoya fue la del calado ético y deontológico existente en los medios gráficos noruegos  a la hora de abordar la información periodística en una situación de crisis, puesto que a pesar de las presiones que habría en ese momento por informar al mundo de cuanto estaba sucediendo, éstas no impidieron que sus profesionales tratasen adecuadamente este material antes de lanzarlo al aire, salvo cuando era en directo.

Las prisas por informar no justifican, en mi opinión, emitir o publicar cualquier tipo de imagen sólo por saciar la morbosa curiosidad del ser humano. ¿Acaso nos va a reportar más, nos va a dar más conocimiento o exactitud la imagen de un cuerpo mutilado o yacente, que podría ser, por qué no, el de algún ser querido? No. El papel social de los medios es cumplir con responsabilidad la función que les corresponde, que es la de informar desde la pluralidad, con rigor y sentido común en todas sus facetas.

De ahí que me sorprendiera gratamente, por muy desgarradora que sigue siendo la noticia, cómo los medios de comunicación noruegos trataban con ética periodística y con respeto las imágenes de televisión y las fotografías que ilustraban minuto a minuto las consecuencias de ambos atentados, al menos, con mucho más rigor al que creo estar acostumbrada en noticias de este calado. Ésta es la línea que debería seguirse en informativos, en magazines, en programas de investigación y en las informaciones de sucesos, que son las que a diario, abren gran parte de los informativos. Aún recuerdo, por desgracia, varios frames de una noticia emitida en una cadena de televisión en Canarias que para ilustrar un extraño suceso mostraba en primerísimo plano restos de masa encefálica… Realmente, ¿es esto necesario?

¿¿Qué habrían hecho algunos -no todos-  medios españoles o ingleses?? Juzguen ustedes mismos. Dos enlaces a dos páginas diferentes con imágenes sobre la masacre en Utoya. No están tomadas desde el mismo lugar pero las consecuencias del atentado en la isla son las mismas.

– http://www.nrk.no/nyheter/norge/1.7723857

http://www.elpais.com/fotogaleria/Doble/atentado/Noruega/elpgal/20110722elpepuint_1/Zes/13

Si realizamos un seguimiento por algunos mass media de Noruega, se puede comprobar fácilmente cómo impera este código ético en el tratamiento de la mayoría de las  informaciones gráficas. Así, por ejemplo, siguiendo las noticias a través de la televisión pública de Noruega,  NRK (www.nrk.no), que incluso en su página oficial pixelan los rostros de personas fallecidas. Igualmente sucede en rotativos como Dagbladet.no;  Adresseavisen.no;  Aftenposten.no Nordlys.no, donde han desfigurado aquellas instantáneas relacionadas con personas gravemente heridas y fallecidas.

Sin embargo, la única imagen que todos los medios han dado a conocer y que nadie ha ocultado es la del primer detenido en la noche del viernes, A.B.B., ciudadano noruego de 32 años vinculado a ideologías de extrema derecha, acusado de asesinar a decenas de jóvenes en Utoya, horas después del atentado en Oslo. Es el “rostro” a quien todos señalan ahora, pensando si fue el único responsable del atentado y de la masacre, si actuó en solitario o tenía cómplices. Una cara que para la sociedad noruega y sus mass media quedará impresa en las páginas de la historia de un país que el viernes 22 de julio de 2011, se paralizó por el horror.

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¿Gabinetes de comunicación? Sí, gracias

Procuro ‘tomar nota’ de todo aquello que me dicen y así, tarde o temprano, aplicarlo si resulta oportuno. Un amigo me comentó el otro día que no fuese tan correcta, que me soltara pelo y me dejase llevar porque, al fin y al cabo, éste es mi blog… Y tiene toda la razón. Así que hoy, se lo dedico.

Tengo la fortuna de tener trabajo, que hoy en día, parece una quimera para muchísimas personas de mi generación. Desde hace tres años estoy vinculada a una empresa de comunicación en la que su plantilla es gente joven, preparada, inquieta, creativa y que todos los días intenta superarse. Aquí me han dado una oportunidad que anteriormente no había desarrollado de forma tan intensa en mi experiencia profesional como es llevar un gabinete de prensa y comunicación para una entidad formada por más de 4.000 personas que dedican su tiempo a prestar asistencia sanitaria, a investigar y a divulgar.
Es, por tanto, un reto y una responsabilidad porque supone en primer lugar, afrontar las dificultades cotidianas en un mundo globalizado donde la cantidad de noticias es tal que si no se conduce adecuadamente, se pierde o puede diluirse debido a la intoxicación informativa que nos rodea. Por otro lado, significa que en el desempeño diario se exige una actualización constante para manejar numerosas claves -internas y externas- que permitan mantener un correcto equilibrio entre las partes y a la vez, ser un nexo válido, eficaz y eficiente entre la sociedad, la organización y los medios de comunicación en general.

Es cierto que entre los propios profesionales del periodismo, este tipo de departamentos se contemplan en ocasiones con recelo e incluso de forma despectiva al considerarse que son funciones relacionadas con el mantenimiento de un status socialmente reconocido entre compañeros del ramo, y que parece ser el edén de una trayectoria profesional. No niego que en determinados gabinetes puedan encontrarse personas cuya actitud sea parecida a la descrita anteriormente, pero no sería justo -ni riguroso- generalizar y estereotipar a los que ejercen otro tipo de periodismo. Un gabinete vale lo que valen sus profesionales y su forma de realizar el trabajo para el que se les requiere, sin descuidar, por supuesto, su predisposición personal, porque a la larga, será esta cualidad la que les identifique y por la que serán conocidos en su ámbito más próximo.

Los gabinetes de comunicación son hoy en día una herramienta esencial y cumplen un papel tan válido como el periodismo tradicional, aunque en diferentes vertientes, pero ni en fines ni en procedimiento son antagónicos: ambos, a la hora de actuar, siguen los mismos métodos para alcanzar idénticos fines como son informar de forma fidedigna, verificando las fuentes para dar credibilidad a los contenidos y hacerlos visibles a la población.

Por eso, cuando escucho a determinados expertos académicos decir que los gabinetes de prensa y sus actores son meros publicistas -sin desmerecer a estos profesionales-, me pregunto si realmente conocen el trabajo de fondo de estos departamentos para afirmar categóricamente que no, que no se hace periodismo. Dependerá también de la organización para que la que se trabaje, porque entiendo que tampoco es igual la comunicación corporativa pura y dura que se lleva a cabo para una casa cosmética o de cómida rápida, que la que se desempeña en instituciones donde se genera y se trabaja con conocimiento.

El periodismo y la comunicación son áreas muy amplias. Con las nuevas tecnologías se ha producido una auténtica revolución que todavía no se es capaz de calibrar consiguiendo poner sobre la mesa el modus operandi de los mass media tradicionales. Sin embargo, creo que en este campo hay un espacio para cada una de las disciplinas actuales y las que puedan surgir, así como del abanico de los profesionales que las hacen posibles y todas, son igual de válidas, como el periodismo de fuente, que es un tipo de periodismo especializado que se ejerce en los gabinetes de prensa. Además de útil considero necesario este tipo de periodismo. Juega un papel activo en el entramado social e informativo, siendo pieza clave a la hora de divulgar conocimientos que hasta entonces no llegaban a la sociedad bien por la complejidad de su contenido, por la dificultad de los creadores de dicha información para transmitirla de forma accesible o por carecer de las vías y de los profesionales adecuados.

Llevar la comunicación de una entidad, independientemente de la institución que sea, requiere entregarse a fondo para sacar adelante una tarea que es ardua, que supone mantener un planteamiento ético ante las situaciones que se plantean cada día, y además, exige ser honesto con lo agentes que participan y que tienen que ver con la comunicación. La función de un responsable de un gabinete de prensa no solo se basa en su experiencia sino también en otras cualidades como la constancia, la participación, el diálogo, la tolerancia, la capacidad de escucha, la creatividad y la innovación, el consenso, la responsabilidad y también, la paciencia. Al menos, ésa es mi experiencia y mi filosofía de trabajo, la que defiendo y con la que me identifico.

Si hay algo que debería primar en el periodismo y en los medios de comunicación, es el respeto para tratar a cada uno de los profesionales que se dedican en cuerpo y alma a este mundillo, pues igual de necesarios son los redactores, como los fotoperiodistas, los cámaras, los diseñadores y maquetistas, los publicistas, los técnicos o los dircom, por citar solo algunos. Cada uno es necesario en su disciplina. No sobra nadie. Ni siquiera en los gabinetes de prensa.