Café de Papel

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Cuando éramos chicos…

3 comentarios


A quien corresponda,

Ojalá la vida sea un poquito condescendiente. Ojalá me diera la oportunidad de blanquear mi cabello, de ver madurar las patas de gallo frente al espejo sabiendo que soy yo y no una extraña a la que el Alzheimer, caprichosamente, ha dejado sin memoria.

Pero si así sucediera, si los años se volvieran beligerantes y se antojasen caprichosos y de un plumazo borrasen mis recuerdos, desearía que alguien cogiera estos párrafos y me los leyera una y otra vez con la esperanza de que, en algún momento de luz, un destello de cordura me devolviera  algún recuerdo guardado en el cuenco de las manos. Al autor de esta expresión le pido permiso ahora para reproducirla, porque es tan hermosa que me parece un delito no utilizarla…

Que quien recogiese esta carta me contara cómo fueron las risas y los primeros juegos en la infancia en la casa de mis primos, sentados en el suelo poblando las macetas de las plantas con aquellas figuras diminutas de Playmobil,  cazando lagartijas viéndolas caer en un bidón que los mayores ya se habían encargado de untar con  plátano…

Que sujetase mi mano con ternura y susurrase en esas orejitas gachas por el tiempo las sensaciones del aroma de las natillas de abuela o del olor de la madera recién cortada y del barniz a muñeca; del tacto de la tea y la resina, del campo llovido y de las naranjas del huerto de casa, de la risa de mamá y del silbido de papá cuando cruzaba el zaguán de la puerta… Que sonriente, recordase entre risas aquellas expresiones tan particulares del vocabulario palmero de cuándo éramos chicos… Del ‘ajó’ y del ‘ñoh’ que te sorprendía; de ‘atachona’ acompañado con un rápido geito de muñeca que te ponía sobre aviso de una probable reprimenda; del ‘ojalá muchá’ entre colegas…

Y si a esta persona aún le queda paciencia para estar con una anciana de ojos chiquitos, le pediría que me cantase una canción de Taburiente que tantas veces mi hermana y yo escuchábamos en el coche camino a casa. Con certeza sé, que en ese preciso momento, estaré sonriendo.

 LA NUBE Y EL SOL

(Taburiente)

 Había una vez
una nube gandula;
cogía agua y siempre
se quedaba recostada.
Nunca se le ocurrió
alzar con fuerza
su panza grande y redonda
y volar
derramando bendiciones a la tierra.
Muy gandula la nube,
nunca abría los ojitos,
cuando el sol la regañaba
tempranito en la mañana.

Déjame dormir,
no seas malo, sol tontito;
no ves que tengo mucho sueñito,
no ves que ahora mismo
se me cierran los ojitos.

Anda nube
mira que se va el alisio,
mira que se va llorando
porque tú no lo quieres a su lado.
No va por desiertos secos,
ni va por sures pelados;
que sólo te lleva al Norte,
donde el verde se hace hermano.

Anda nube
deja el sueño,
lleva el agua
a los tilos,
al palo blando,
al fayal,
al barbuzano.
Y la nube dejó el sueño
y contenta fue a regarlo (bis).

Muy gandula la nube,
nunca abría los ojitos
cuando el sol la regañaba
tempranito en la mañana.

Déjame dormir,
no seas malo, Sol tontito;
no ves que tengo mucho sueñito;
no ves que ahora mismo
se me cierran los ojitos.
Anda nube
deja el sueño,
lleva el agua
a los tilos,
al palo blanco,
al fayal,
al barbuzano.
Y al nube dejó el sueño
y contenta fue a regarlo

 http://www.listengo.com/song/8468528

Autor: Sonia Rodríguez

Desde 2001, la comunicación, en todos sus aspectos, forma parte de mi vida profesional. Después de conocer 'qué' se cuece y 'cómo' se cuece en los medios, actualmente trabajo en Metrópolis Comunicación, una empresa especializada donde desempeño la responsabilidad de coordinar un gabinete de prensa de una institución sanitaria. Una experiencia que me permite poner en contacto a profesionales de radio, prensa y televisión con especialistas del ámbito de la sanidad, la salud, la ciencia y la investigación biomédica.

3 pensamientos en “Cuando éramos chicos…

  1. No me canso de leerlo.

  2. Sencillamente genial. Sale del corazón y la cabeza. Es un tesoro…

  3. Sin palabras… te quierito

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